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24M Justicia y Verdad: El eco del pasado en la voz de los jóvenes

Foto del escritor: Arte Parte
Arte Parte
16 jun
5 min de lectura

por Aaron Escalante, Candela Galarza, Alex Gómez, Luisana Gómez, Camila González, Agustina Lezcano, Agustina Llanes, Maximiliano López, Violeta Manzanello, Aylen Miño, Bryan Ramírez, Román Romeo, Thiago Sanchez, Magali Snde, Milo Soria (estudiantes de 6to 1ra de la secundaria 61) y Romina Jodzik ( docente)


El 24 de marzo de 1976 abrió una página negra en la historia argentina: una dictadura cívico-militar que impuso el terror, la desaparición y la negación sistemática de derechos. Cincuenta años después, las conmemoraciones realizadas en la escuela N°61 “María Claudia Falcone”, dieron cuenta de que la memoria no es un acto puntual ni un ritual vacío, sino una responsabilidad colectiva y cotidiana. Recordar es la forma más concreta de decir “NUNCA MÁS” y de obligarnos a construir, desde lo educativo y lo comunitario, los cimientos de una democracia que proteja la vida, la dignidad y la identidad de todas las personas.


La actividad central se llevó a cabo el 26 de marzo y comenzó temprano, con la escuela movilizada. Semanas antes estudiantes y docentes decoraron los distintos espacios en común del colegio. Ese mismo día otros estudiantes organizaron el sonido y coordinaron los preparativos. Los docentes y personal de la institución planificaron el desarrollo. Vecinos y familias se acercaron para estar presentes y acompañar. A eso de las 10 AM se escucharon las primeras voces y poco después llegaron autoridades municipales: La Sub secretaria de DDHH. Mariana Corrales, el presidente del Consejo Deliberante Gustavo Javier Rearte, la Secretaria de Educación Andrea Digiobani, el jefe distrital, Alfredo Schveizer, y la inspectora Profesora Karina Cordero. Además de padres, y estudiantes de otros turnos; también estudiantes de 6to año de la escuela primaria se sumaron con su presencia.


Hubo discursos de distintas voces y generaciones que, en variados tonos, repitieron la palabra que atraviesa toda esta historia: “NUNCA MÁS”. En entrevistas y testimonios se pronunciaron términos que relatan la herida abierta por la represión: “JUSTICIA”, “CENSURA” y el doloroso interrogante “¿DÓNDE ESTÁN?”, insistiendo en la necesidad de verdad y esclarecimiento.


El acto culminó con la inauguración de un mural que simboliza memoria y resistencia: la bandera argentina, una imagen que remite a las Malvinas y la dedicatoria a las víctimas, particularmente a María Claudia Falcone, fueron parte de una obra encargada por la comunidad y realizada por Carmen, una vecina comprometida con la causa. En el espacio también se plantó una Acacia Carnaval, sembrada como Árbol de la Memoria y en honor a las Abuelas de Plaza de Mayo, un gesto vivo que traduce la voluntad de arraigar la memoria para futuras generaciones. Se repartieron pequeños recordatorios del 24M.


“La conmemoración del 26 de marzo, un nuevo acto institucional: donde se cantó el himno nacional, conto con la presencia de abanderados y escoltas, y la reiteración del homenaje a las Abuelas y a los 30 mil desaparecidos. La participación estudiantil, que venían trabajando con los docentes semanas anteriores, fue central: análisis de poemas, videos grupales que documentaron el trabajo de aula, foros de debate, recopilaciones de testimonios y fotografías acompañadas por pañuelos confeccionados por la comunidad escolar dieron forma a una semana de trabajo colectivo. Hubo también dificultad y tristeza por la ausencia de una abuela que no pudo asistir, aun así la comunidad decidió reunirse y sostener el recuerdo con la misma fuerza. La presencia de autoridades políticas, la emoción de la directora y la voz de los jóvenes dejaron claro que recordar reclama tanto la palabra pública como la pedagogía cotidiana es preciso transmitir, acompañar y educar”. Estudiantes de 6to1ra


¿Por qué es importante recordar?

Recordar implica, además, articular la memoria pública con la memoria de los hechos y con la exigencia de justicia. La dictadura vulneró derechos fundamentales de manera sistemática: el derecho a la vida, con miles de desapariciones forzadas y asesinatos sin juicio; el derecho a la integridad, con torturas físicas y psicológicas y violencia sexual en centros clandestinos; el derecho a la libertad, con detenciones arbitrarias y sin garantías procesales; el derecho a la identidad, a través de la separación de bebés y niños de sus madres y la apropiación de los nacidos en cautiverio; el derecho a la expresión y asociación, mediante la censura y la persecución de activistas y artistas; y el derecho a la nacionalidad, con exilios forzados y la fuga de miles. Dentro de estas violencias, la apropiación de bebés constituye una herida que aún exige respuestas: muchas madres secuestradas dieron a luz en condiciones de cautiverio y sus hijos e hijas fueron sustraídos, inscriptos con nombres falsos y entregados a terceros. Las Abuelas de Plaza de Mayo han sido fundamentales en la búsqueda y restitución de identidades: su lucha permitió localizar y restituir la identidad de más de un centenar de personas, pero persiste la memoria de hasta 500 bebés desaparecidos y la necesidad de verdad plena y de responsabilidades penales y sociales que permanezcan.


Los niños y niñas recuperados crecieron sin conocer a sus familias biológicas, su restitución implicó procesos dolorosos y complejos de reconstrucción de identidad, de reencuentro con historias fragmentadas y de reconstrucción de vínculos. Esa dimensión humana, íntima y colectiva, fue puesta en juego en cada discurso, en cada poema, en cada video y en cada entrevista realizada durante los actos: “nunca más”, “justicia”, “¿dónde están?” no son consignas vacías sino demandas éticas y políticas que exigen memoria activa, acompañamiento psicológico, reparación integral y políticas públicas que garanticen la no repetición. La escuela, en este sentido, actúa como territorio donde la memoria se transmite, se debate y se transforma en compromiso cívico: allí se aprende a reconocer las violencias del pasado para evitar su reproducción.


¿Cuál es la participación de la ESCUELA PÚBLICA?

El mural, la plantación del árbol, el cantar el himno, las entrevistas y la participación organizada de estudiantes y familias conforman una pedagogía de la memoria, enseñan a las nuevas generaciones que la historia no puede repetirse y que la defensa de los derechos humanos es una tarea permanente. Recordar es también revisar nuestras instituciones, fortalecer la educación en valores democráticos y garantizar que la justicia continúe su marcha para que la verdad pueda ser conocida por completo. Es necesario, además, sostener políticas públicas que promuevan la investigación, la preservación de archivos, la enseñanza crítica y el acompañamiento a quienes padecieron la violencia estatal.


Conmemorar no es nostalgia ni puro ceremonialismo, es un acto político y afectivo que exige acción. Es sostener la palabra de quienes ya no están, apoyar la incansable búsqueda de las Abuelas y acompañar a las familias en su exigencia de verdad y reparación. Es convertir el “nunca más” en políticas públicas, en enseñanza escolar, en memoria institucional y en un tejido social que no permita la negación de la dignidad humana. Significa, además, escuchar a las nuevas generaciones, incorporar su mirada y permitirles protagonizar la transmisión de memoria con creatividad y responsabilidad.


El acto en la escuela N°61 “María Claudia Falcone” fue más que ceremonias, fueron ejercicios de ciudadanía. Allí se sembraron recuerdos, se plantaron árboles, se pintó la memoria y se renovó el compromiso de no dejar que la historia se entierre en el silencio. Que estas prácticas se multipliquen en cada escuela, barrio y espacio público, para que la memoria sea luz que alumbre el presente y defienda el futuro. Recordar para no volver a vivir lo sucedido, y transformar la memoria en acciones concretas que sostengan una sociedad más justa y humana.



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